TÓCALA OTRA VEZ, JOHNNY

El Johnny es uno de esos graciosos de bar. Años apalancado a una barra regateando los tragos y haciendo amigos falsarios que caían en su trampa para obsequiarle con esa copa que por supuesto, nunca sería devuelta.
El Johnny bebía Doble V si pagaba y Chivas si era invitado. Procuraba rapiñear todos los frutos secos de los platillos ya que nunca cenaba. Y así todas las noches.
Pero antes de su bar, que en el fondo era su casa, iba al trabajo. Fontanero de los que esquiva los presupuestos, de los que va con lamparones, de los que no niquelan su trabajo. Una chapuza por aquí y otra por allá con su majestuosa labor comercial, sonrisa en ristre, que le hacía ganarse adeptos. Agraciado por su humor era palmeado en la espalda por sus vecinos ante tanto ingenio. “Cuéntame el del panadero negro, Johnny”, decía Armando, uno de los que le pagaba güisquis por recibir sus chistes.
Pero el Johnny tenía otra vida absolutamente desconocida para sus propios vecinos. La única que la conocía era su mujer, Cándida. La conocía y la sufría ya que el Johnny cuando cruzaba el umbral de su puerta en vez de contarle chistes a ella le recitaba una cuenta atrás hasta que le empezaban a llover las hostias.
Cándida, como el gato desvalido, se refugiaba junto al armario. Acurrucada. Apretaba fuerte todos sus músculos para que el dolor fuera menor. Y se tapaba la boca por si en un puntapié volvía a perder más piezas dentales.
Pero aquella noche algo fue a peor y el Johnny no calculó con su extrema sangre fría como de costumbre. Y aquel guantazo facial dibujó una curva extraña que hizo que su señora, cual marioneta de saldo, fuera a dar con su sien contra la obsoleta y enorme llave del ropero. Esta vez no hubo sangre. Ni marcas. Pero la muerte en forma de descanso, de alivio, se instaló en ella para desposeer por fin al Johnny de su etiqueta de chistoso.
Ahora y en prisión los chistes y anécdotas de el Johnny ya no son requeridos. Ahora sus nuevos compañeros juegan con él, amenazan con sodomizarle y le hacen juegos de palabras.
-Tócala otra vez, Johnny.
Y no se refieren a Casablanca. Tras esa frase el Johnny en un claro homenaje de mimetismo a su señora se acurruca junto a la letrina. Aprieta sus músculos –para que le duela menos- y se tapa la boca, aquella por donde surcaban los güisquis a diario.
El guardia hace la vista gorda como queriendo ser un apósito judicial de lo que la gente desea. La justicia, como Cándida, está muerta.


06/12/2007 09:12 Autor: joaquincampos. #. Tema: España profunda.

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Autor: Herranz, Francisco

Tengo la debilidad de escribir cuentos, dí con el tuyo de pura casualidad y me ha gustado mucíhisimo. Me parece brillante y lo he recomendado a la gente de es.humanidades,literatura, aunque sin transcribirlo por carecer de tu autorización. Si no te impoeta lo haré luego, a tu nombre,obviamente.
Por favor dame la direccfión de tu web o blog pues estoy aquí por ayuda de un amigo de aquella cofradía pero no tengo la dirección completa para recorrerla de pe a pa..
Gracias en cualquier caso.
PacoZ.

Fecha: 31/05/2008 20:51.


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Autor: nava06

me cago en vuetra puta vida putos frikis de mierda hijos de puta me vais a chupar la punta del cipote y luego me voy a mear en vuestra cara y tambien me voy a cagar en vuestra mujer y luego si esta buena me la tiro jajajaja

Fecha: 18/11/2008 10:26.


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